El trabajo de Alba Mozas siempre ha tenido la constante del cuerpo y el hogar. Su obra parte de este leitmotiv para explorar el desnudo femenino, la soledad, la pérdida, la discapacidad, la búsqueda de uno mismo o la sexualidad. Mozas reivindica la igualdad entre personas a pesar de las diferencias físicas que nos separan.

Fue en 2012 cuando empezó a iniciarse en el mundo de la fotografía, cambiando su forma de ver el mundo y reinterpretando el dolor en belleza. “No hay suficientes palabras para describir una imagen ni el dolor que he sentido” Este primer acercamiento al arte la llevó a realizar una interpretación de Mamá (2014), en la que fusionó la escultura con la performance, representada en la Plaza de la Catedral de Teruel en una intervención efímera titulada Mudar la Piel. Esta colaboración desarrollada por Carmen Mª Samper fue la avanzadilla de lo que estaba por llegar. Su relectura de Louise Bourgeois, un gran referente para Mozas, le valió una beca DKV para una estancia en la Universidad Politécnica de Valencia, donde creó su primera escultura reconocida, titulada Trescientos sesenta y cinco (2014) con la que ganó una mención especial del jurado.

​Un año después, este trabajo fue ampliado y la obra se convirtió en la parte centrar de la primera exposición individual de la artista, inaugurada en la sala de exposiciones de la Escuela de Artes de Teruel, el 5 de febrero de 2015. Con el título 365 esta gran muestra es crucial para entender su mirada hacia el mundo y el arte. La casa -también presente en su logo-, la ironía, el doble sentido y la carga emocional de una pérdida familiar se mezclaban en una propuesta multidisciplinar en la que se exhibió pintura, escultura e instalación.

Todo este trabajo la llevó a poder relacionarse en 2016 con artistas consagrados del panorama español como el siempre polémico Abel Azcona, en su intervención en los Pozos de Caudé, titulada Desafectados, un homenaje a los fusilados durante la Guerra Civil Española.

En 2017 tras haber cosechado un bagaje artístico como fotógrafa, presentó su segunda exposición individual titulada Ardilla. Fue la segunda muestra de dolor y pérdida tras haber conocido el amor. En sus autorretratos pretendió explorar lo irracional a través de la introspección, las vivencias y los recuerdos para animar al espectador a mirar en sus entrañas. Sus esculturas convertidas en fotografías a través del fotomontaje recordaban el más puro surrealismo de fotógrafos y pintores como Man Ray, Max Ernst o Hans Bellmer. En 2018 viajó con esta misma muestra hasta la sala de exposiciones de la Casa Membrillera de Vinaròs, recibiendo una cálida acogida de las autoridades de la ciudad, los medios de comunicación y el público.

Su trabajo de este pasado 2019 fue un adelanto de sus nuevos intereses. Participó en la exposición colectiva titulada Ellas Hablan, en la biblioteca madrileña Eugenio Trías del Retiro. En su muestra se representa un autorretrato de su cuerpo desnudo y trazado por una delicada línea de pintura negra. Un trazo que la artista entiende como la conexión entre todos los seres humanos, el alma, sin distinciones de género, raza o posición social. En este último tiempo sus autorretratos y su anterior introspección han dado paso a un enfoque más social. The Poses of the soul, un nuevo proyecto en el que pretende unificar todo tipo de colectivos y rectificar que todos somos iguales a pesar de las diferencias.

Este 2020, Alba Mozas está trabajando el desnudo femenino como temática principal de un trabajo que se está realizando para exponer colectivamente en PhotoEspaña. Más adelante podremos ver su obra completa terminada, llamada febrero, y entenderemos porque este conjunto se titula igual que el mes que cambio su vida por una gran pérdida. Actualmente el camino artístico de Mozas está lleno de fuerza, lucha y reivindicación de los derechos y la búsqueda de la libertad como mujer.

  • ALBA MOZAS  logo-negro (2)